Todo Estado se funda en la violencia, lo dijo Trotsky en un discurso, lo citó Weber en su libro Política y Ciencia, y lo recordó Rodrigo Ruiz en medio de la manifestación de los estudiantes del colegio nacional Aguirre Abad. Ruiz, como muchos, curioseaba en las afueras del colegio fiscal. Pero a diferencia de los demás, él tenía precedentes como protagonista de las sublevaciones escolares noventeras que el colegio había acaudillado en la época.
“La verdad, uno disfruta más viendo desde lejitos” comentaba en el instante en que su ex-profesora de inglés le contestaba “bah, si yo te he visto que sigues con ese grupo extremista, tú sabes que esos sí son revolucionarios, de los bien violentos”, Ruiz agita sus manos de esa manera sabrosa que se confunde con un baile: “No, yo ya me retiré de ese pito, ahora soy de derecha, me vendí”. Una risa sarcástica complementó la respuesta de la profesora: “Yo sé que no es cierto, entonces ¿qué haces aquí?”. No tardó en terminar su oración cuando una moto con dos policías interrumpió. “Hagan el favor de retirarse, que vamos a echar gas”, claros y concisos como es su característica. “Tengan la bondad de retirarse” insistió uno de lo policías “o van presos” al presagio de esta última palabra los zapatos maldicieron su existencia, pues, fue más rápido el andar que la entonación de la última vocal.
“Toma Correa, aquí está tu revolución”, gritaban algunos manifestantes camuflados entre los espectadores.
Desde el puente peatonal que une el colegio con el edificio de Anglo, periodistas y policías esperaban que volvieran a salir los “revoltosos” como los llamó la profesora de inglés que no quiso identificarse. “Yo estoy de acuerdo con que le hagan las evaluaciones a los profesores. Si los alumnos dan exámenes ¿por qué nosotros no? Deberíamos estar en clase, no perdiendo el tiempo aquí. La verdad es que estos revoltosos solo buscan excusas para no tener clase". Se dispersó entre los curiosos. Rodrigo caminó hacia la otra calle, mientras, un gran grupo de estudiantes del Aguirre y del colegio Técnico Simón Bolívar, que no se unieron físicamente al paro, le hacían compañía.
Josehpt Tomalá, uno de los estudiantes del Abad que se encontraba fuera, cubría la mitad de su rostro moreno con un buzo café, mientras respondía. “Sabe que, nosotros estamos decepcionados, Correa nos ha engañado. Nosotros defendemos nuestros ideales. La igualdad de condiciones. No es justo que le quiten el trabajo a los profesores, ellos también merecen respeto y consideración.” Dijo Josehpt con dificultad, pues había cubierto la otra mitad de su cara a causa del gas. Los policías habían empezado a tirar bombas de gas lacrimógeno para contrarrestar la lluvia de piedras que momentos antes habían lanzado los estudiantes.
Josehpt Tomalá, uno de los estudiantes del Abad que se encontraba fuera, cubría la mitad de su rostro moreno con un buzo café, mientras respondía. “Sabe que, nosotros estamos decepcionados, Correa nos ha engañado. Nosotros defendemos nuestros ideales. La igualdad de condiciones. No es justo que le quiten el trabajo a los profesores, ellos también merecen respeto y consideración.” Dijo Josehpt con dificultad, pues había cubierto la otra mitad de su cara a causa del gas. Los policías habían empezado a tirar bombas de gas lacrimógeno para contrarrestar la lluvia de piedras que momentos antes habían lanzado los estudiantes.
Pegaba el sol de las doce y ya había pasado casi una hora desde que el gendarme había amenazado con encarcelarnos si no nos movíamos. El ambiente antes tensionado había encontrado un poco de calma en medio del humo que brotaba de los palos quemados por los colegiales, con el fin de neutralizar los efectos del gas.
“La verdad amiga, en mis tiempos si éramos bien subversivos. Nosotros leíamos a Lenin, a Marx y su famoso Manifiesto Comunista, a Engels, a Weber, no me acuerdo de todos los nombres ahorita. Ahí dentro del Abad hay gente bien marxista y maoísta ¿si sabe lo que es eso?” preguntó Rodrigo. Afirmé con desconcierto, y le pregunté si en el colegio les obligaban a leer eso, a lo que el respondió: “el colegio no, el grupo al que pertenecía sí. En el Aguirre Abad existe gente bien arraigada a sus ideales. Son capaces de darse un balazo por sus creencias. Así de locos son, por eso me salí. Aunque una vez si me tocó amenazar con un revolver a un compañero. Nunca me voy a olvidar, Mario Sánchez, una vez que estábamos en paro nos quiso detener, se puso a darnos un sermón y quería hacer un escándalo. Le caímos a tute. Se lo merecía por soplón. Es que allí dentro o te unes o te unen. El que no quiere unirse, mejor que ni estorbe. Los profesores le tienen miedo a los alumnos, por que saben como son ellos. Son muchos, y son salvajes. Usan el gas pimienta, ese que tienen los policías. Y si un profesor no quiere dejarlos salir, se cubren con un trapo la cara y le echan el gas. Ellos no se hacen problema. Así era en mis tiempos, y así es ahora. Yo le digo, por que yo sé. Yo tengo mi gente ahí dentro y conozco como se manejan”
Los policías poco a poco se iban retirando. Un carro de la comisión de tránsito puso fin a la jornada. El tráfico, una vez más, volvió a la normalidad y los estudiantes del Aguirre Abad como si nada, salieron de clases, sin no antes advertir que no sería esta la última vez que los verían luchar.

yo lei esto antes de que se publique aqui... buena Menrva!! te quiero <3
ResponderEliminar