CARA SUCIA

Lo que se les olvidó limpiar.. .

jueves, 13 de mayo de 2010

No fue un cuento cualquiera

Cuando tenía 6 años nos mandaron a comprar un libro para aprender a leer. Yo estaba en primer grado, no sabía leer ni multiplicar. Las series de números que me hacían repetir para -cuando sea grande- ser una gran empresaria, adornaban mi cuaderno de español. Pero, yo era vaga (así decía mi profesora). Odiaba las series, los números y corregir mi caligrafía. Solo éramos La Bruja Mon y yo. No nos dejaban leerlo sin supervición de un adulto. Así que le pedí a mi hermana de 7 que me acompañe en la lectura.
Después de medio año de intentarlo, lo pude terminar. Pero Tina berrea seguía allí. Ese otro cuento insignificante para cualquiera que lea a Carroll y su país de las maravillas o al precisamente así de Kipling, era mi mayor reto (el mayor que he tenido) y aunque nos obligaron a dejar a Tina para segundo grado, yo pude entender cómo berreaba antes de las vacaciones del segundo trimestre de primero.
No fueron Borges, Cortázar ni Guillén los que me hicieron amar la lectura. Fue la bruja Mon. La insignificante bruja Mon.

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