CARA SUCIA

Lo que se les olvidó limpiar.. .

miércoles, 17 de marzo de 2010

Mis patas de cucaracha

Odio a las cucarachas
de aspecto anti-higiénico,
su nombre en su expresión.
Se dislizan rápidamente por el suelo,
y sus patas se pierden entre sus alas.
Las odio.
Odio más sentirme identificada con ellas.
Soy una cucaracha.
Un vil bicho que carcome la suciedad y asusta a los niños.
Soy una cucharacha.
Un animal de aspecto detestable que provoca un sopor nauseabundo.
Soy una cucaracha, sí, una puta cucaracha.
Me deslizo por los caminos y ensúcio el ambiente.
Soy una cucaracha.
Una cucaracha que teme que la aplasten.
Una cucaracha que lucha por su vida.
Una cucaracha que se resigna a su aspecto.
Una cucaracha que rueda por el mundo.
Una cucaracha con un nombre feo.
Una cucaracha  que no inspira un poema.
Una cucaracha que los elegantes detestan.
Una cucaracha, en fin, lo que ellos llaman cucaracha.

miércoles, 10 de marzo de 2010

El sol del campo no llega a la ciudad

En la ciudad, los amaneceres nunca son los mismos, pero siempre son iguales. En el campo, parecen todos iguales, pero nunca son los mismos.
Parece de insurgentes izquierdosos levantarse con el cacareo de un gallo que tiene de pista la canción del Che. Pues muchos de los que estaban presente no lo eran, y aún así formaron un frente.
Unas horas anormales fuera del casco civilizatorio estropeaban la rutina de limpieza de los pendejos que temían las más grandes pandemias en su homogénea piel. Yo era de la otra clase de pendejos, los que se arriesgaban sin importarles nada y veían todo como algo nuevo y maravilloso. Tal vez es peor ser esta clase de pendejo, por que no eres pendejo por cobarde, sino por ignorante. Ignoras que la naturaleza es más real que el puente que siempre cruzas para ir a la universidad. Lo ves como algo externo, alejado de lo innegable. Y así, formulas según tú una oración estructuralmente bien elaborada, con tropos retóricos y excelente puntuación. En el momento que boca suelta el sonido de las palabras que tu cerebro ha formulado, aquella oración retóricamente enriquecida toma forma de pendejadas y diluye el extramboticismo y la elegancia. 

Caminamos hasta que el olor nos dejo saber que habíamos llegado. Las vacas no notaron nuestra presencia. No les importaba. No fingían ser lo que no son. Mixionaban y evacuaban sin avergonzarse. Respetaban su naturaleza y nosotros también tratábamos de hacerlo. 
Al salir de las vacas, seguimos a los caballos. Daule estaba de fiesta y los caballos eran los invitados principales. Un espectáculo de más de hora y media animó el ambiente. Al son de “yo soy tu amigo, el ganadero…” desfilaban las diferentes agrupaciones ganaderas con su respectiva reina.
Buses, tierra, monte, árboles, gallinas, caballos, vacas, campesinos, citadinos, y más, fueron protagonistas de esta experiencia. Tal vez buena, tal vez mala, pero siempre necesaria para pisar la realidad que la ciudad muchas veces esconde.  

 Foto: Noris Arroyave 
Lugar: Salitre - Ecuador