CARA SUCIA

Lo que se les olvidó limpiar.. .

martes, 15 de diciembre de 2009

Abelardo el "Cara Sucia"

Acostado en la acera trata de olvidar su pasado, su presente y su corto futuro. El es de esos seres a los que los tienen sentenciado con día y hora de ejecución. Pertenece al grupo de los rechazados, ni siquiera tiene el privilegio de estar en el pasillo de la muerte, en 6 de marzo y la que cruza, sus cansadas piernas de aserrín no le permiten pararse a desfilar. Mira desde abajo a Doraemon burlarse de su precaria condición.

  • jaja por feo nadie te quemará.

Abelardo trata de fruncir su entrecejo pero no puede, su cara surrealista ha sido pintada con las cejas separadas y los ojos grandes, y una sonrisa feliz (sí existen las tristes). Coge aire y se vira. Ahora observa la vereda.
Ve pasar la gente, escogiendo y comprando entre las filas de monigotes que esperan parados como ejército a que su general los reclute. Están felices. Parecería imposible pensar que alguien que sabe que va a ser víctima de un genocidio pueda estar tan feliz. Pero ellos lo están. Saben que la vida es corta y que su misión es quemarse, morir como guerreros, con el honor y orgullo de haber sido escogidos.

  • Nadie me quemará, dice Abelardo con voz entrecortada. El palo que sostiene su cabeza se ha virado, y su garganta se ha obstruido.

No se acercan a ayudarlo. Es viejo y feo. Para la gente es normal que un monigote de su clase, tenga la garganta obstruida por un palo virado.

Ricardo acompaña a su madre a comprar las cosas para la cena de fin de año. Después irán a la Avenida de los Caídos (así le puso Ricardo a la calle 6 de marzo y la que cruza) como de costumbre a comprar el “viejo”. Ricardo odia esa ridiculez. Pero ha tenido un mal año, así que le provoca quemar hasta su casa. Llegan a la avenida y una multitud de muñequitos bien pintados los reciben esperando ser escogidos para la misión. La madre escoge a “Paloma”.

  • Porque ella es todo lo que no soy y muero por ser, dice la vieja.
  • Ricardo piensa: ¿una muñeca de palo y sin relleno?, la gente a veces muere por estupideces.
  • Escoge el tuyo Ricardo. Mira… allá hay uno de esos muñequitos lanza fuego que salen en la televisión. Llévate ese y vámonos
  •  No voy a coger ese, protesta Ricardo con indignación. Su madre acaba de llamar muñequito lanza fuego a Goku, y lo que es peor, había querido obligar a quemarlo.
  • ¿Entonces cuál vas a coger? Pregunta la señora cuarentona que no sabe diferenciar entre un muñequito lanza fuego y el gran Goku.
  • ¡Uno viejo! Yo no quiero quemar un muñeco que no represente lo que viví. Ha sido un pésimo año y si hay que matarlo será con todas las de la ley.

Su madre a penas lo escuchó. Se había virado a observar cómo construían a un Rafico y a un Bigotón.
Ricardo miró la escena y siguió caminando. Una escena común en su mundo. Su madre fingía escuchar para llenar la apariencia que implica en la sociedad ser una buena madre. Y él fingía entenderla para llenar la apariencia que implica en la misma sociedad ser un buen hijo. Un circulo vicioso por excelencia.
Tropieza y cae.
Un viejo monigote obstaculizó su camino. Era feo y estaba torcido.
Abelardo sintió el golpe. Pero no podía moverse. No podía pararse. No podía ayudar.
Ricardo maldijo el día y se disponía a patear la cabeza torcida y fea de aquel monigote. Pero al incorporase, observó bien aquel personaje. Era torcido y feo como su año. Era viejo y casi sin color como su año. Era imperfecto como su año.
Abelardo se asustó cuando Ricardo se acercó más para verlo. Nadie, nunca, lo había visto así. Se sentía extrañado y excitado a la vez. Al fin, alguien lo mira con otros ojos. Al fin, alguien se da cuenta que no es sólo un viejo, torcido y feo muñeco. Sino, que representa algo más.

  • Es perfecto. Por fin, un año viejo de verdad. Eres todo lo que fue para mí este año. Te tengo que quemar.

Abelardo sonríe. Puede hacerlo, ya que en su careta surrealista, sí está pintada una sonrisa. Pero esta sonrisa es diferente. Es una sonrisa sincera. Ya no está sólo pintada. Está feliz. Ha cumplido su misión. No va a morir en vano. No va a morir por apariencias. Va a morir por lo que vivió.

  • Gracias. Es lo único que sale de la boca de Abelardo. Está tranquilo. La muerte no lo asusta. Pues fue creado para morir. A diferencia de Ricardo, Abelardo no piensa en la vida, sino en la muerte.

Son diferentes, pero se necesitan y se complementan. Abelardo necesita a Ricardo para cumplir su misión. Y viceversa. Siempre se necesita de algo o de alguien para vivir y para morir, también. Se podría creer que Ricardo es un asesino y Abelardo una víctima. Pero no es así. Abelardo tiene una misión y Ricardo le hará un favor tácito al quemarlo. Es la ley del complemento. Cuando dos fuerzas diferentes se encuentran y se unen, al final se complementan. El bien se complementa del mal. Porque sin mal, no existiría bien. Ya que el bien sería generalizado y perdería su carácter y representación original. No existe vida sin muerte. Porque si sólo viviéramos y no muriéramos nunca, nuestra vida se repletaría de repeticiones y sería imposible pensar en el condicional. Ya que tendrías toda una vida para probar todas las posibilidades.

Abelardo mira las estrellas desde la acera, otra vez. Esta vez a lado de Paloma y Bob Esponja. Se acerca la hora. Su cuerpo se baña en gasolina, el dulce aceite de la muerte anunciada. El calor se hace intenso y su pierna empieza a arder. No siente dolor. Pero sabe que es el final.
Ricardo lo mira desde afuera.
Abelardo le devuelve la mirada.
Dentro de ese cruce un agradecimiento y una despedida. Un año se va, y otro empieza. Una misión se cumple y otra empieza. Una vida se termina y otra empieza.




FIN